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Reflexiones ante un discurso presidencial y sus implicaciones: el discurso de Barack Obama - Lilian Pagán

 

El 54% tiene más confianza en el futuro después de oír el discurso. Los republicanos están siendo vistos como poco colaboradores, mientras que el Presidente Obama se ve como el gran conciliador intentando ir “más allá de la política partidista”.


La respuesta del partido Republicano y su vocero oficial, inmediatamente transmitida después del discurso es casi incomprensible. Frente a este fenómeno de popularidad conectado con una mayoría congresual avasalladora, recipiente de afecto y de un discurso encantador, los republicanos se presentan con su “vieja respuesta” su viejo mensaje, que hace difícil identificar que la campaña ha terminado: “nosotros trabajamos para ustedes”, “demasiado gobierno es malo”, “tú eres el mejor administrador de tu dinero”, llamando al programa “esbozado” y a los demócratas “irresponsables” “gastadores” “equivocados”.


Su posición se mantiene invariable en contra de las regulaciones gubernamentales, aun sabiendo que la mayoría de la población los culpa en gran medida del descalabro económico actual. Tratan de reivindicarse con los ciudadanos, utilizando los mismos recursos movilizadores empleados por Obama los “empoderar a la gente”, “tenemos confianza en la gente y en su creatividad” “nuestra esperanza eres tu, los “American people”. Frente a una fuente maltrecha, el mismo mensaje suena hueco y no creíble.


La desconexión que se visualiza en el Partido Republicano es un fenómeno común en muchos partidos que pierden las elecciones. Lo lógico sería pensar que los partidos que atraviesan por una derrota electoral, entrarían en un periodo de análisis y autorreflexión, cuestionando los argumentos y estrategias utilizadas, utilizando masivamente la investigación socio política, como insumos para revisar sus argumentos.


Sin embargo, los Republicanos, como otros partidos políticos, entran en un período de culpabilizar al electorado, como si le estuvieran diciendo: “ellos, los que ganaron, están equivocados, tú -el electorado- te equivocaste al elegir – ya veras lo que vendrá (atribuyéndosele la idea que quieren en efecto que fracasen)”.


Si este periodo se alarga, los hace perder terreno, por lo menos por dos periodos consecutivos, victimas de una incapacidad de adecuarse a los cambios, con serias limitaciones para la innovación, lentos en adaptarse a la nueva visión de los electores, a su diversidad cultural, a las nuevas tecnologías y al tono especifico que se espera de sus políticos en un momento determinado cuando lo que tendrían que estar haciendo es dedicarse a revisar su imagen y posicionamiento.


Muchas veces se piensa que ganar implica hacerse “agradable” al público, o tener un buen discurso. En nuestros países, se agrega el argumento de la “fuerza externa del poder”, lo cual es siempre un explicativo que alivia el impacto de perder.


Es un hecho que las estructuras y posicionamientos políticos dan resultado en determinados momentos históricos y que los partidos son capaces de llegar de nuevo al poder cuando han interpretado y analizado lo que no está dando resultado, actualizan su agenda, se reinventan y se conectan de nuevo con su electorado.
 

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