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01/10/2008
LAS
ENCUESTAS "MAQUILLADAS"
- Danilo Guzmán
En el negocio de las encuestas, como en todos los negocios,
existen firmas serias y otras no tan serias. Este caso no lo
vemos únicamente en República Dominicana; casos de encuestadoras
con resultados “dudosos” o completamente fuera de la realidad se
ven con frecuencia.
Inferir sobre las causas de los resultados “dudosos” es un poco
riesgoso. Estos pueden ser causados tanto por errores en el
diseño de los estudios como por falta de controles de calidad
efectivos.
Pero tampoco se puede tapar el sol con un dedo, algunas de estas
firmas, esas “no tan serias” a las que me refiero, incurren en
los popularmente conocidos “maquillajes” de resultados.
Regularmente el “manejo de los resultados” se hace con el
objetivo de publicar los resultados en medios de comunicación
masivos de modo que incidan en la percepción de la opinión
pública, lo que también en teoría debe impactar positivamente en
la conducta de voto de la población, favoreciendo a un candidato
específico. A este efecto, los norteamericanos le llaman el
efecto “bandwagon”. La asunción se basa en una teoría
psicológica del comportamiento conductual que dice que las
personas hacen o creen ciertas cosas porque ven que otras
personas las hacen o las creen.
Lógicamente, para el funcionamiento del efecto “bandwagon” debe
existir un racionamiento lógico que es lo que a fin de cuentas
determinara si las personas se adhieren a la tendencia o la
rechazan. Específicamente en el caso electoral, otros factores
inciden en la dinámica y resulta difícil cuantificar el efecto
de una manipulación para crear una percepción sesgada hacia un
candidato determinado.
Para acentuar el efecto bandwagon, los resultados de las
encuestas publicadas no pueden diferir mucho de la realidad. Una
diferencia injustificable racionalmente genera un ruido que mas
que beneficiar el candidato hacia el cual se sesgan los
resultados lo podría perjudicar. Es decir, considero que la
publicación de datos “maquillados” tiene un efecto magnificador
de la tendencia y situación del momento y no la modifica como
asumen algunos estrategas.
Para ilustrar la afirmación; si un candidato tiene una alta tasa
de rechazo y baja intención de voto, y se publican resultados de
una encuesta que favorece al candidato, el efecto que causaría
esta publicación podría motivar a indecisos o personas que no
tenían la intención de votar, a apoyar a un candidato contrario
con el único objetivo de que el primero no gane la contienda.
Por otra parte, si un candidato tiene alta tasa de aceptación y
alta intención de voto, si los datos se manejan ligeramente a
favor de ese candidato, tiene mayor posibilidad de que el efecto
bandwagon lo beneficie directamente en intención de voto.
A esto me refería cuando afirmé anteriormente que el efecto debe
tener justificaciones racionales y no diferir radicalmente de la
percepción vigente entre los votantes, de otro modo no
funcionaría, o en el peor de los casos, generaría el efecto
contrario.
Lo lamentable es que es muy difícil determinar cuando los
resultados de un estudio fueron alterados. En países mas
desarrollados existen organismos que regulan las encuestas que
se hacen con fines de publicación, de modo que las firmas que se
arriesguen a “maquillar” resultados sean sujeto de demandas e
incluso de clausura definitiva de su licencia de operación.
La industria de las encuestas en la mayoría de los países del
mundo, es en el mejor de los casos autorregulada. Existen
parámetros que una persona podría inspeccionar en términos de
metodología y ficha técnica, que darían una idea de la validez
de unos resultados. Pero la única forma de que podríamos
asegurarnos al 90% que unos resultados son validos,
representativos y libres de “maquillaje”, es buscando un técnico
imparcial y auditando los archivos de datos de los estudios.
Dejo un 10% de probabilidad de manejos que podrían pasar
indetectables aun cuando un técnico experimentado tenga acceso a
los archivos de datos de las encuestadoras. El problema de este
método es que por asuntos de confidencialidad, una firma
encuestadora no daría acceso a sus archivos de datos muy
fácilmente,
De todos modos hay una realidad: la mayoría de las encuestas que
se publican se hacen con criterio profesional, y aunque siempre
hay un cliente que las financia, las encuestadoras establecidas,
objetivamente hablando, no van a arriesgar su reputación
“manejando” burdamente los resultados de un estudio para
beneficiar a nadie. El atributo clave para una empresa de este
tipo es la confianza y reputación que crea en el mercado con su
historial de trabajo; cuando esto se pierde, todo esta perdido.
Siendo parte de esta industria, el desborde de las pasiones y
los fanatismos siempre engendran una actitud negativa y de
descalificación hacia los resultados no favorables a simpatías
particulares. Pero hay una diferencia básica en la investigación
comercial de marketing y las encuestas políticas: aunque las
encuestas no son una herramienta predictiva, la calidad y
credibilidad de las firmas que trabajan en este tipo de estudios
pasa una prueba de fuego en cada certamen electoral.
La reputación de una empresa, que toma años y literalmente miles
de horas de trabajo para construir, puede destruirse en minutos.
Así como un nuevo cliente evalúa el historial de una firma y
busca referencias, el público debe evaluar objetivamente l de
las empresas que publican encuestas políticas en República
Dominicana.
Los resultados están ahí para el objetivo juicio de la historia.
Pregúntese usted, ¿por qué se arriesgarían ahora?
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